Cuando un juego alcanza ciertas dimensiones hablar de expectación entre los aficionados no sólo es obvio, sino que también es innecesario. Todo el mundo que disfruta de este arte que son los videojuegos sabe lo que es la marca Grand Theft Auto, y quien más quien menos ha hecho sus pinitos criminales en los mundos virtuales ideados por Rockstar. Es una serie que tiene defensores a ultranza y críticos feroces, pero que siempre ha mantenido unas cotas de calidad poco menos que incontestables. Unos márgenes que han garantizado convertirlos en compras poco menos que imprescindibles, y que en el caso de GTA V son incluso generosamente superados.
Y es que la nueva obra de los Houser y compañía no sólo es una joya del todo recomendable para cualquier aficionado (mayor de 18 años, claro está), sino que se erige como el mejor representante de una generación donde los distintos estudios han sentido un particular interés por explorar y enriquecer el género de los mundos abiertos. La aventura de Michael,Franklin y Trevor funciona a tantos niveles que es difícil imaginar un lanzamiento más ambicioso de cara a los próximos tiempos, y sin revolucionar el género como en su momento sí lo hizo su predecesor, sí aporta suficientes novedades como para no parecerse a nada y fijar un nuevo listón a superar por sus contendientes sandbox.
La nueva historia sobre traición, crimen y sátira social de la saga es un ejemplo de brillantez narrativa, jugable y conceptual, aunque así mismo brilla con luz propia en aspectos secundarios pero también fundamentales para la inmersión como lo gráfico, lo artístico o un envidiable apartado tecnológico. Su monumental duración y la cantidad de cosas tan diferentes que hay para hacer no logran sino consolidar un todo de valor incalculable, y condenado a permanecer en nuestra videoconsola durante meses por su duración y calidad.
En el pasado la estructura de guión de un GTA era un patrón no exento de lógica, pero siempre muy repetitivo. Todo comenzaba con un personaje que, por uno u otro motivo, llegaba a una ciudad que le era extraña, o volvía a ella tras por ejemplo pasar un tiempo en la cárcel, y desde abajo comenzaba a hacerse un hueco en el crimen organizado medrando gracias a su falta de escrúpulos y a una versatilidad de habilidades que les llevaba a ponerse a las órdenes de unos y otros peces gordos del hampa haciendo toda clase de trabajos sucios.
En Grand Theft Auto V todo eso cambia, y es que no sólo hay tres personajes principales en lugar de uno sólo, sino que además nuestros nuevos protagonistas ya están asentados, tienen un estatus en sus mundos al margen de la ley e incluso en algún caso poseen una gran casa y una familia. El único que se sale algo de este patrón es Franklin, que de hecho es el primero sobre el que tomamos el control, y que a pesar de llevar mucho tiempo residiendo en Los Santos, lo cierto es que todavía no lleva exactamente la vida que le gustaría. Subsiste conviviendo con su insoportable tía, en una casa no precisamente lujosa y haciendo pequeñas "chapuzas" que incluyen la recuperación de vehículos para el poco escrupuloso jefe del concesionario donde trabaja.
El joven negro, sin embargo, no tardará mucho en topar en su camino con alguien que le va a cambiar la vida, una especie de genio de lámpara maravillosa en forma de veterano criminal de mediana edad que le ayudará a progresar en el mundillo, pero que por el camino traerá para él multitud de problemas y quebraderos de cabeza. Se trata de Michael: Un especialista del robo a gran escala que se encuentra ya retirado, pero al que su iracunda personalidad y algunas cuentas pendientes del pasado le obligan a volver al "servicio activo", y que le condenan a repetir los peligrosos vicios de su anterior estilo de vida. Desde el retiro su existencia no es que sea idílica precisamente, con una familia disfuncional al borde de la destrucción marcada por una esposa con la que la infidelidad está permitida (siempre que no sea en casa), un hijo que sólo piensa en los videojuegos y en insultar a sus rivales a través de internet, y una hija que comienza a coquetear con participar en la fecunda industria pornográfica de la costa oeste.
Con ese panorama, y una serie de nuevas deudas que invitan a recuperar los antiguos hábitos y abandonar la tranquilidad de la piscina y el daiquiri, se une un tercer elemento para componer un cóctel explosivo: El altamente volátil Trevor. Se trata de un ser peligrosísimo y sociópata, sin ningún tipo de apego por la vida de nadie que no sea él mismo, y que tiene una presentación verdaderamente impactante ya bien entrado en cuanto a horas el juego y en la que destroza, literalmente, uno de los más recientemente creados mitos de la serie. No diremos nada más para evitar los siempre innecesarios spoilers, pero sólo debemos dejar claro que este psicópata es un tipo duro de verdad. Uno al que incluso a nosotros mismos nos va a costar mantener a raya en más de una ocasión.

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