Un año después de lo que hasta entonces parecía imposible, que era ver Diablo en consolas, Blizzard vuelve a la carga con una Ultimate Evil Edition que lleva a las plataformas de Sony y Microsoft las últimas novedades del destacable Diablo III. ¡Que no son pocas! Porque la expansión Reaper of Souls, que se estrenó en PC hace tan solo unos meses, renueva en lo más profundo las bases jugables de este frenético título de acción y rol, que ahora sí que sí es el juego que todos los fans esperaban.
No exageramos. Desde el épico nuevo Acto para el modo historia, hasta la presencia de un héroe tan atractivo como el Cruzado, pasando por la completa revisión del sistema de botín y la inclusión del adictivo Modo Aventura, esta versión definitiva de Diablo III cumple de manera sobresaliente a todos los niveles posibles, contando además con varios atractivos intrínsecos a su versión consolera como son ese loco Sistema Némesis, que nos permitirá enviar a nuestros amigos aquellos monstruos que más nos hayan hecho sufrir durante la partida, y por supuesto las batallas cooperativas para cuatro jugadores en una misma consola. ¡Puro vicio!
El Ángel de la Muerte, Malthael, ha desatado su ira sobre el reino de Westmarch llevándose por delante a miles de inocentes, que nada han podido hacer frente a las fuerzas oscuras que comanda este temible enemigo. Un rival al que tendremos que hacer frente en el nuevo Actoque da forma a la primera gran expansión de contenidos de Diablo III, y que mejora sustancialmente la experiencia de juego con respecto al original en aspectos fundamentales como la rejugabilidad o el reparto del botín. Pero vayamos por partes.
Si hablamos del nuevo Acto V este nos ha parecido francamente bueno. Incluso sorprendente en algunos aspectos. Sobre todo porque a nivel estético recupera la esencia más oscura y siniestra de la serie, dándonos la oportunidad de combatir a un buen puñado de nuevos y peligrosos enemigos en un entorno de juego magistralmente diseñado, que además destaca por su gran variedad de localizaciones. Que no es poca cosa tratándose de una expansión. Pero aquí lo importante es el juego en sí, el cómo se desarrolla la acción; y en este sentido Blizzard también está a la altura de las expectativas.
Principalmente en lo tocante al inteligente y variado diseño de las misiones a las que haremos frente, con una gran afluencia de jefazos y enemigos élite que nos obligarán a dar lo mejor de nosotros mismos para sobrevivir a las duras contiendas que nos aguardan. Recolección de objetos mágicos, la aniquilación de hordas demoníacas, los duelos cara a cara contra peligrosas criaturas del averno… sin ser nada original en la mayoría de sus objetivos, el nuevo acto de Diablo III consigue de principio a fin mantener muy alto el interés por su acción, ya sea por lo atractivo de su argumento o la intensidad de sus batallas, que en algunos casos nos dejarán con la boca abierta.
También se ha mejorado mucho la sensación de libertad con respecto al original en el sentido de que ahora los escenarios son más grandes y laberínticos, ocultando en su interior un mayor número de eventos aleatorios y mazmorras opcionales. Todo sigue igual, es cierto, pero la sensación es la de estar ante un videojuego más variado y sorprendente que el original, que además potencia considerablemente la exploración de los entornos con un único objetivo en mente: obtener el mejor botín posible.
Con el Ángel de la Muerte como gran némesis de la expansión Reaper of Souls, el juego mantiene el tipo a nivel argumental cerrando algunos de los cabos sueltos que dejó el original, a la par que abre nuevas vías que en el futuro podrían explorarse con otras expansiones o un posible Diablo IV. Nada oficial, por supuesto, aunque una reciente encuesta por parte de Blizzard parece indicar que sí habrá novedades al respecto. Dicho lo cual, no podemos dejar de destacar una vez más lo interesante de su historia, que por razones obvias nos deja con ganas de más. Es muy interesante, por momentos incluso apasionante; incluye enfrentamientos contra enemigos que no habríamos imaginado y, además, expande sobremanera el trasfondo argumental del universo Diablo con una serie de tramas conspiratorias que nos han encantado.
Podría haber sido mejor, es cierto, sobre todo por ese final un tanto abrupto que nos deja con una sensación agridulce. Pero es innegable que el ambiente más oscuro y siniestro con el que se ha dotado a esta expansión le hace ganar muchos enteros. A lo que también ayuda mucho la presencia del Cruzado. La nueva clase de personaje que se estrenó con Reaper of Souls, y que sorprende por su versatilidad en el combate. Porque este héroe, que indudablemente recuerda al mítico paladín de Diablo II, se desenvuelve a la perfección tanto en labores ofensivas, gracias a su maestría con las armas blancas y poderes celestiales, como en defensa, apoyándose en su enorme resistencia y las auras mágicas que le beneficiarán tanto a él como a sus aliados.
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